Esta mañana fui al hospital a hacerme un análisis de sangre. No sé muy bien cómo relatar lo que sucedió, así que transcribo aquí el diálogo con anotaciones de contexto.
Enfermera: ¡Ay, qué bien, tienes buena vena!
Jake: Jajaja, sí, así me ahorro pinchazos extra, jajaja.
E: A ver… sí. Te voy a sacar dos tubitos.
(La enfermera destapa entonces la aguja y… ¡blop!, se le cae sobre mi brazo, donde queda clavada. La miro, algo perplejo, y aún pasan unos instantes hasta que su cerebro asimila lo ocurrido)
E: ¡Ups!, ¡Dios!, lo siento, esto no me había pasado nunca, qué casualidad, y se te ha clavado, te he hecho sangre y todo. Perdona.
J: (Con la risa tonta y forzando el tono dramático) No sé si podré perdonarte.
E: (Algo más tranquila al ver que yo me reía) Es que yo… la aguja… la vena… ¿Te pongo una gasita?
Será por hablar más de la cuenta…
Este es el primer meme que sigo. Principalmente porque es también el primero que me parece interesante, y no será porque haya visto pocos :P. Visto primero en el blog de Reena y luego en el de María, me propongo a relatar, acompañando el texto con fotografías, cómo es un día cualquiera en mi vida. Llegados a este punto, si aún sigues aquí he de admitir que admiro tu valentía. Empecemos
A las 7:30 am suena mi despertador pero, como ya es costumbre, lo apago y sigo durmiendo. Luego llegan las alarmas de refuerzo de dos teléfonos móviles, a las que hago tanto caso como a la primera.
A las 8:20 me despierto con una llamada telefónica. Éste es mi primer momento de consciencia real y despertarme con ese sonido significa que voy a llegar tarde a todo. Por suerte no voy con el tiempo tan justo esta vez.
Unos minutos después me preparo el desayuno. No siempre es el mismo, en realidad va variando por épocas, de modo que estos últimos días sí que repito menú: Tostadas con margarina sin sal y mermelada sin azúcar y leche con avena (y un poquito de canela).
Mientras desayuno suelo leer el correo y preguntarle a mi lector de feeds cuáles de mis blogs favoritos tienen entradas nuevas. Si me da tiempo las suelo leer entonces. Si no, me esperarán a la vuelta.
En estas últimas semanas he estado moviendo parte del papeleo asociado al programa Erasmus. En esta ocasión voy a centrarme en las convalidaciones, lo demás lo dejo para otra entrega
A la hora de escoger las asignaturas en la universidad de destino (University College Cork) hay que tener en cuenta que las que aquí son troncales u obligatorias sólo pueden convalidarse por otras que tengan contenidos similares. En cuanto a las optativas y las de libre elección, hay más libertad, porque pueden convalidarse como créditos optativos o créditos de libre elección, respectivamente. Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la carga de estas asignaturas, y es ahí donde están empiezan mis problemas.
En la Unión Europea se utiliza el el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS) para gestionar las convalidaciones. El funcionamiento es simple: Cada asignatura cuenta con un crédito ECTS por cada 25-30 horas de trabajo que el estudiante tiene que dedicarle (normalmente diez de estas horas son clases presenciales). Todas las universidades hacen esto y entonces se usan esos créditos para establecer las equivalencias entre asignaturas.
Hay, hasta donde yo sé, dos formas de calcular el número de créditos ECTS de las asignaturas de una carrera. La primera, que sólo puedo entender como provisional, es aplicar una relación matemática con los créditos de los sistemas locales. La segunda, más apropiada, es llevar a cabo el análisis de la carga de cada asignatura y asignarle un número de créditos ECTS de acuerdo a esta medida. Según tengo entendido, en mi escuela se está haciendo este análisis este año. Mientras tanto, las convalidaciones se rigen por La Tabla. La Tabla fue creada en tiempos inmemoriales, cuando aún no se había determinado el valor de un crédito ECTS, y según ella, cada crédito y medio local equivale a dos créditos ECTS. Analicemos este disparate, para ello sirvan estos datos: