Esta mañana fui al hospital a hacerme un análisis de sangre. No sé muy bien cómo relatar lo que sucedió, así que transcribo aquí el diálogo con anotaciones de contexto.
Enfermera: ¡Ay, qué bien, tienes buena vena!
Jake: Jajaja, sí, así me ahorro pinchazos extra, jajaja.
E: A ver… sí. Te voy a sacar dos tubitos.
(La enfermera destapa entonces la aguja y… ¡blop!, se le cae sobre mi brazo, donde queda clavada. La miro, algo perplejo, y aún pasan unos instantes hasta que su cerebro asimila lo ocurrido)
E: ¡Ups!, ¡Dios!, lo siento, esto no me había pasado nunca, qué casualidad, y se te ha clavado, te he hecho sangre y todo. Perdona.
J: (Con la risa tonta y forzando el tono dramático) No sé si podré perdonarte.
E: (Algo más tranquila al ver que yo me reía) Es que yo… la aguja… la vena… ¿Te pongo una gasita?
Será por hablar más de la cuenta…