Adiós, 2007. Ahora que te vas quisiera comentar brevemente el efecto que tu paso ha tenido en mi vida.
Contigo he vivido los peores momentos de estrés en el ámbito académico, pero también en tu paso he vivido la satisfacción de recoger los frutos de ese trabajo. Estabas también de paso cuando ocurrió toda aquella serie de eventos increíblemente afortunados que nos llevó a mí y a la mujer que amo al mismo país, Irlanda, del que ahora no queremos regresar.
Nos acompañaste en el tramo inicial de esta gran experiencia en la que hemos conocido a mucha gente nueva, y que, paradójicamente, nos ha servido también para reencontrarnos con viejos amigos.
Y pese a todo esto, no puedo dejar de mencionarte que también durante tu paso se ha producido, poco a poco, un intercambio poco gratificante y cuyas labores de reconstrucción no verás, pues será ya tu hermano el año 2008 quien las atestigüe. Este intercambio es el que viene de ganar muchos conocidos y perder a algunos buenos amigos. Espero que no te tomes esto como un reproche, tú sólo tuviste la suerte de estar de paso mientras todo esto ocurría.
2007, creo que te echaré un poco de menos, no se cuanto, pues eso depende de lo que ocurra durante tu nuevo sucesor. Tú me has visto crecer, y también me has visto caer muy bajo.
He de confesarte, aunque probablemente esto no sea nuevo para ti, que, de todos los propósitos para el nuevo año, el más importante sigue siendo el mismo que tuve también contigo: ser mejor persona.