El fin de semana vimos la película Across The Universe, un musical de la directora Julie Taymor. La película cuenta toda una historia usando, la mayor parte del tiempo, canciones de los Beatles como parte de los diálogos. Lo cuento así para dejar claro que no se trata del típico musical con unas pocas canciones que, además, aparecen de repente, como interrumpiendo el flujo de la historia. En este caso, las canciones son la historia.
Para ser justo, debo admitir que algunas canciones están metidas un poco a presión y que hay momentos muy psicodélicos, pero en general el resultado es, sencillamente, genial. Disfruté mucho esta película y se la recomiendo a todo el mundo (o, al menos, al subconjunto de éste que lee mi blog), especialmente a quienes conozcan y aprecien la obra de los Beatles, pues en la película suenan, en total, 34 canciones del grupo.
La película tiene, además, muchas referencias a los Beatles y a sus canciones. La más evidente es que los nombres de los personajes vienen, todos, de las letras de sus canciones.
Otra de las curiosidades son los cameos. En la película aparecen, y no precisamente en sólo un par de fotogramas, Bono, Joe Cocker, Salma Hayek y Eddie Izzard. A este último no lo conocía, es un humorista británico, y el enlace es a un sketch suyo que no viene a cuento, pero que me ha hecho gracia.
Y, por último, además de volver a recomendarla y decir que las versiones de las canciones son, la mayoría, geniales, dejo aquí el tráiler.
Por cierto, me quejo de que la canción que da título a la película la hayan puesto mezclada con Helter Skelter, no van bien juntas y no se disfruta ninguna de las dos. Si no lo digo reviento.
Esta mañana me ocurrió uno de los episodios más patéticos que puedo recordar. Una de esas cosas que uno normalmente no contaría, pero ¡Qué demonios!
Me desperté, de forma natural, a eso de las siete de la mañana, una media hora antes de que sonara mi despertador. Me di cuenta de que había pasado mucho tiempo durmiendo con todo mi peso sobre un costado porque, cuando intenté mover el brazo derecho… no pude.
En el transcurso de mi vida se me han dormido los brazos y las piernas muchas veces, pero no recuerdo ninguna ocasión en la que pasara de ese hormigueo previo a la pérdida total de sensibilidad. Sin embargo, esta vez había ocurrido todo el proceso. En ese momento no estaba lo suficientemente despierto como para hacer experimentos, sólo quería mi brazo de vuelta. Recuerdo, no obstante, la desagradable sensación de sujetarle la mano a un tío en mi cama. Casualmente, ese tío era yo, pero mi brazo no parecía querer admitirlo y yo no estaba en condiciones de razonar nada.
Pero aún no hemos llegado a la parte patética. Necesitaba moverme, y tenía que girarme para bajarme de la cama, pero como mi brazo no estaba dispuesto a colaborar, lo alcé con la mano izquierda y, ya que estoy poco acostumbrado a que mi cuerpo no responda a mis ordenes, lo solté, esperando algo de obediencia. Pero no. El brazo cayó directamente sobre lo que tenía debajo, que en este caso era mi cara, con tan mala suerte, además, que mi ausente dedo índice (creo que fue ese, aunque todos son sospechosos) fue a darme justamente en el ojo derecho.
Hoy me ha dolido el ojo todo el día.
Hoy, mientras hablábamos por teléfono, Lorena y yo hemos estado a punto de empezar una discusión… pero no. Hemos desistido, casi simultáneamente, porque ninguno de los dos tenía ni idea del tema que estábamos discutiendo.
Mi comentario, justo después, fue: ¡A ver cuándo se ha visto esto… Y, como leyendo mi mente y terminando la frase por mí, ella añadió: …en España!